Y yo me pregunto: ¿no les dará hipotermia cuando salen a mendigar dulces en plena noche? Y con este clima que cada día está peor... y con este horario que hace que anochezca más rápido... y porque nada más salen con su disfraz… Claro, su mamá es la que la lleva.
Luego pasan y como soy bien mala onda, ni les doy dulces… Méndigos chiquillos, ya ni cantan, ya sólo dicen “¡queremos haloween!” –o como se escriba- siendo que antes cantaban –o cantábamos, snif- algo así:
Pobre calvarea,
no tiene dinero
denle su aguinaldo
que nada les cuesta.
¡Dinero, fruta, dulces o algo!
Nos acabamos nuestras gargantas por dulces baratísimos que venden por kilo… Y ahora resulta que esta nueva generación: chiquillos sin chiste y más gordos que antes, se ponen de reinas…
¡bah!
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Update:
Me acabo de enterar que tengo una vecina que comparte mis sentimientos, pero de una manera muy sutil y educada:

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